CAMOVA

No se puede ignorar el rol , legado que nos dejo   la italiana Margherita Guarducci (Florencia, 20 de diciembre de 1902 - Roma, 2 de septiembre de 1999) arqueóloga y epigrafista,  especialista en Epigrafía griega, quien gano una gran fama internacional.

Como nos narra Wikipedia, alumna del arqueólogo Federico Halbherr en su juventud, fue una de las primeras arqueólogas de la Misión Arqueológica Italiana en Creta (desde 1910 convertida en Escuela Arqueológica Italiana de Atenas) y en calidad de tal publicó la obra de su maestro, las Inscriptiones Creticæ, que recogían las inscripciones en lengua griega y latina de la isla de Creta, entre las cuales estaba la Gran Ley de Gortina, el mayor código jurídico que la Antigüedad nos ha transmitido

Licenciada en Bolonia en 1924, asistió a la Escuela Nacional de Arqueología en Roma y, desde 1927, en Atenas. La suya fue una de las primeras presencias femeninas de la arqueología italiana en Grecia. Era entonces director de la Escuela Alessandro Della Seta y el responsable de las excavaciones en la isla de Creta, presente en territorio griego ya desde 1880´´, era Federico Halbherr, de quien acabaría siendo la alumna predilecta, en las excavaciones de la ciudad cretense de Gortina, que continuaría también tras la muerte de Halbherr, en 1930.

Obtuvo en 1931 un puesto de profesora de Epigrafía y Antigüedad Griega en la Universidad de Roma "La Sapienza", lo mantuvo hasta 1973, aunque siguió enseñando hasta 1978 en la Escuela Nacional de Arqueología de Roma, entidad de la que también fue directora. A su periodo como profesora se remontan sus obras sobre la didáctica de la epigrafía griega: los cuatro volúmenes de Epigrafía Greca (Epigrafía griega) y el volumen de compendio L'epigrafía greca dalle origini al tardo Imperio (La epigrafía griega de los orígenes al Bajo Imperio). Su nombre está ligado al descubrimiento, bajo la Basílica de San Pedro del Vaticano, de la tumba del apóstol San Pedro, en 1965. Al término de su carrera académica fue nombrada Profesor Emérito de la Universidad de Roma "La Sapienza". Después de ser miembro correspondiente de la Academia Nacional de los Linces desde 1956, en 1969 se convirtió en miembro nacional y miembro también de la Pontificia Academia Romana de Arqueología. Obtuvo dos doctorados honoris causa por la Universidad Católica de Milán y la Universidad de Rennes. Sus obras están hoy publicadas por el Instituto Poligráfico y Casa de la Moneda Estatal (en italiano, Instituto Poligrafico e Zecca dello Stato).

Nos recuerda ABDULLAH ABDELKARIM, que Margherita Guarducci. era una epígrafe Católica devota comprometida por el Vaticano en septiembre de 1953 para estudiar los graffiti expuestos más de una década antes - incluyendo los graffiti que cubrían la llamada " pared de graffiti. "Ella decidió que muchos de los graffiti implicaban un código cristiano secreto, revelando no sólo que el punto había sido frecuentado (probablemente en secreto) por cristianos hasta el tiempo en que Constantino construyó su basílica sobre él, sino también que un culto de Pedro había existido allí. Mucho de su "desciframiento" es imaginario y no logra reconocer el posible significado mitrico en por lo menos algunos de los graffiti. (Abundantes Hallazgos arqueológicos atestiguan la adoración de Mitra así como la Gran Madre en la colina del Vaticano muy cerca del sitio de la iglesia actual. (V))çNaturalmente, Guarducci concluyó que todos estos graffiti Petrino significaban que ella estaba cerca de un sitio de gran importancia para Adoradores de Pedro. ¿Qué más podría ser sino la tumba de Pedro, como Pío XII ya había concluido? Además, un fragmento de yeso cortado de la pared roja pareció afianzarlo. Escrito en mayúsculas diminutas griegas - letras no más altas que las mayúsculas en el título de este artículo - el graffito cuando estaba completo se dice que decía (Petros eni, " Pedro esta dentro "). ¿Pero dentro de qué? ¿Eran estas letras diminutas sobre una pared grande todo lo que debía marcar la tumba más importante en toda la Cristiandad? Si fueron inscritas sobre la Pared Roja, ¿esto no implicaría que Pedro estaba del otro lado de la Pared Roja más bien que debajo de ella? ¿Si Pedro realmente estaba bajo la Pared Roja como al principio se supuso, el graffito no debería haber sido el equivalente griego de " Pedro está debajo " en vez de " Pedro está dentro "?

Sobre este aspecto relevante de Pedro, nos aporta lmillau.blogspot.com que desde hace muchos siglos la Iglesia católica proclama la existencia de la tumba de Pedro en el Vaticano y considera esta tumba como fundamento y garantía de su primacía. Se entiende entonces cómo la presencia de esta tumba haya sido objeto de contradicción para los adversarios de la Iglesia de Roma.
Algunos, para atajar el problema de raíz, incluso han negado que Pedro haya estado en la urbe. Esta última radical opinión ha ido perdiendo fuerza, pero todavía quedan algunos que ponen en duda la real presencia de la tumba de Pedro en el Vaticano.
Por mi parte, estoy segura de haber demostrado claramente, gracias a un intenso trabajo que ha durado no pocos años, desde 1952 en adelante, que en los subterráneos de la Basílica Vaticana no solamente existe la tumba de Pedro sino también -clamorosa excepcionalidad- una notable parte de sus restos mortales. Mi demostración, siempre iniciada en el más riguroso método científico y siempre basada en pruebas y comprobaciones sugeridas por varias disciplinas, se ha abierto paso. Pero ciertas resistencias quedan, especialmente por cuanto concierne a las reliquias del apóstol. Tales resistencias se manifiestan (increíble pero verdadero) sobre todo en el ámbito del Vaticano y eso -se nota- en pleno contraste con el reconocimiento oficial de las reliquias mismas, proclamado por Pablo VI en 1968 y sucesivamente confirmado nuevamente por él en varias ocasiones.

Desde hace siglos los fieles sabían que la tumba de Pedro se encontraba en la Basílica Vaticana debajo del altar de la Confesión, pero los papas que se han sucedido en la guía de la Iglesia no se han atrevido a investigar hasta el fondo, sea por temor reverencial no difícil de comprender, sea por el miedo obvio de una posible respuesta negativa, que habría sido de extrema gravedad. Solamente en 1939, Pío XII, que estaba animado de un heroico amor por la verdad, decidió abrir a la ciencia los misterios subterráneos de la Basílica. Así ocurrió que entre 1940 y 1949 se realizaron las excavaciones. Éstas fueron ejecutadas, como he demostrado en otro lugar, de un modo discutible, pero llevaron a algunas constataciones importantes. Aquí tenemos un resumen.
Se descubrió ante todo que bajo el suelo de la Basílica existían los restos de una antigua necrópolis pagana construida en los siglos II-III y enterrada en los tiempos del emperador Constantino, para crear el piso sobre el cual se construiría la primera basílica en honor de Pedro (alrededor de 321-326). Esto revelaba la presencia en esta área de un punto fijo de suprema importancia, punto que sólo podía ser la tumba del apóstol.
Un segundo resultado muy importante fue el descubrimiento bajo el altar de la Confesión de una serie de monumentos de mayor antigüedad, sobrepuestos uno sobre el otro, o dentro del otro, de donde se deduce una secular continuidad de culto en honor de Pedro. Dentro del monumento constantiniano estaban encerradas tres manufacturas precedentes: trazos de un antiguo muro, después comúnmente conocido como "muro g" (segunda mitad del siglo III), cubierto de una ininterrumpida red de grafitos cristianos, escritos entre el final del siglo III y la segunda década del siglo IV, de donde resultaba la férvida veneración ofrecida a este lugar; un pequeño quiosco funerario, el primer monumento construido en honor de Pedro, identificable con el "trofeo" recordado por Gaio, adosado a un trozo de muro revestido de un enlucido rojo (el llamado muro rojo) y con esto lo podemos datar alrededor de 160. En el suelo del quiosco funerario un cerramiento revelaba la presencia de una tumba en el terreno, la cual sólo podía ser la originaria tumba de Pedro. Pero debajo del cerramiento el terreno se encontraba removido. Como más tarde me tocó comprobar, los restos mortales del apóstol fueron trasladados, en la época de Constantino, a un nicho realizado a propósito dentro del ya recordado "muro g" y por tanto incluido en el monumento constantiniano.

Comenta Guarducci , que el nombre de Pedro lo encontré yo en uno de los mausoleos de la antigua necrópolis (el de la gens Valeria), ocupado antes del entierro por personas cristianas, y, muchas veces, entre los grafitos del "muro g".
Todos los grafitos de este muro fueron descifrados y revelaron, además del nombre de Pedro, preciosas noticias para el conocimiento de la espiritualidad cristiana en Roma entre los siglos III y IV. Aparecieron, entre otras cosas, numerosas aclamaciones a la victoria de Cristo, de Pedro y de María; y gracias a un sistema -bien conocido en aquellos tiempos- de criptografía mística, numerosas siglas expresan la íntima unión de Cristo y Pedro, símbolos trinitarios, invocaciones a Cristo como luz, paz, principio y fin del universo, evocaciones a la mística llave de Pedro. No falta un sugestivo recuerdo de la victoria de Constantino en 312, cerca del Puente Milvio y del signo de Cristo que se consideró como el anuncio y la certeza de ese acontecimiento histórico.

Los huesos de Pedro estaban en la tumba, en la tierra, bajo la tapa, como había sostenido siempre la tradición de la Iglesia. Después, cuando Constantino quiso hacer el monumento en honor al Apóstol, los huesos fueron sacados de la tierra y envueltos en un precioso manto de púrpura y oro y depositados en este nicho, y después, se cerró el nicho para siempre. Sucedió que durante las excavaciones, los excavadores, queriendo indagar en este lugar que la tradición indicaba como el lugar de la sepultura de Pedro, no se anduvieron con chiquitas. A golpe de martinete (un instrumento para clavar los palos en el terreno duro) derribaron el altar de Calixto II para llegar, lo antes posible, a la tumba. ¿Y qué pasó? Bajo los fuertes golpes del martinete cayó, del interior del muro, una cantidad de escombros, del interior y del exterior, quiero decir, del antiguo muro revocado en rojo, y todo se volcó en esta cavidad, sobre los desgraciados huesos que Constantino había depositado en el nicho del monumento. Así, aparecieron un montón de deshechos y no se reconocieron los huesos.